Efectos Políticos de la Crisis Económica en Sur América

6 Aug 2010 by Fausto Sicha, No Comments »

Sobre el author:

Fausto Sicha tiene una Maestría de City University of New York en la cual se especializo en Política Internacional.  

08/06/10

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          La actual crisis económica, no ha tenido el mismo efecto devastador tanto económico y financiero que tuvieron las crisis anteriores en sur América, sin embargo, en el área política, estos efectos pueden ser profundos y pueden afectar la integración regional, contribuir a la polarización política, e imponer mayores demandas sobre el estado. Si estos efectos se cristalizan, la región tendrá dificultad en reducir los niveles de pobreza, y se sumirá a una posible ola de inestabilidad social y política.

          Para soportar dicho argumento es necesario tener en cuenta como han cambiado las cuatro variantes que contribuyeron a la expansión del producto interno bruto (PIB) en la región en los primeros años del nuevo siglo. Primero, la crisis económica ha contribuido a la reducción en la inversión extranjera directa en comparación con los niveles registrados antes de la actual crisis. Dicha reducción contribuye al aumento de los niveles de desempleo y priva al estado de la recaudación de fondos fiscales a través de la colección de impuestos y el cobro de tarifas aduaneras. Como si eso fuera poco, algunos países de la región se enfrentan a la devastadora fuga de capitales. El gobierno argentino, por ejemplo, ha visto salir del país más de 20.000 millones de dólares anuales durante los últimos tres años, o sea desde el inicio de la crisis.    

            Segundo, reducción en la expansión del comercio internacional. De acuerdo al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a la Organización del las Naciones Unidas (ONU), se espera que la reducción del volumen de comercio mundial en el 2010 no sea muy diferente a la reducción de entre el 11% y 12% registrada en el 2009. Estos porcentajes afectan claramente a las economías de la región ya que países como Ecuador, Venezuela y Bolivia tienen economías basadas en la exportación. Si no hay exportación, no hay empleo. Si no hay empleo no hay recolección de impuestos. Si la recolección de impuestos se reduce, no hay fondos para gastos sociales tales como educación, salud y vivienda. La falta de atención a estos programas sociales contribuirá al estallido de la inestabilidad social y a la polarización política.

           Tercero, reducción en el precio de los productos para la exportación. En este punto el caso más claro es la reducción del precio del barril de petróleo. Sin estos ingresos extras, difícilmente los gobiernos de la región podrán seguir financiando programas populistas tales como el bono de la pobreza en Venezuela y el bono de la vivienda en Ecuador.

           Cuarto, reducción en las remesas de los inmigrantes. En el 2009 por ejemplo, las remesas se redujeron en un 14% en comparación con los niveles establecidos antes de la crisis. La reducción de remesas hace que cada vez más personas utilicen servicios públicos tales como transporte, salud y educación. En esta crisis económica, estas y otras demandas públicas, en conjunto con problemas internacionales tales como el calentamiento global, terrorismo y crimen organizado, probaran la estabilidad de cada uno de los estados en sur América.

           Después de este breve análisis se puede deducir con claridad tres posibles efectos políticos de la crisis económica en la región. Primero, mayores demandas sobre el estado. En el momento en que la inversión extranjera, el comercio internacional, el precio de los productos de exportación y las remesas se reducen, los estados suramericanos se enfrentan a una demanda creciente. Esta demanda es interna y externa. En el ámbito externo, de acuerdo a la ley internacional, y por compromiso moral, los gobiernos tienen que hacer frente a problemas tales como terrorismo, calentamiento global, crimen organizado y narcotráfico. La atención a estos problemas implica gastos económicos para el estado. Por ejemplo, solo la vigilancia de la frontera norte, para evitar infiltraciones guerrilleras y llegar a ser un corredor del narcotráfico, al Ecuador le cuesta más de 100 millones de dólares anuales. En el ámbito interno, en una etapa de déficits presupuestarios, poca prosperidad y altos niveles de desempleo, la población seguirá demandando con más insistencia la provisión de servicios al estado. Pero esta vez, los gobiernos tienen y segarían teniendo serias dificultades en seguir financiando los servicios sociales que contribuyeron a la reducción del empleo y la pobreza antes de la crisis. De acuerdo a la ONU, la crisis económica empujara a 3.4 millones de habitantes a la indigencia este año. Ese  porcentaje es muy alto si se tiene en cuenta que 60 millones de suramericanos fueron levantados de la pobreza durante la expansión económica. También es necesario recordar que la falta de atención a los servicios sociales contribuirá a la inestabilidad social. Tal ya es el caso de Venezuela por la falta de la provisión regular de servicio eléctrico, y de Bolivia por el limitado acceso al agua para consumo personal.

           El segundo posible efecto político de esta crisis económica es la polarización política. Esta polarización estallara de la necesidad de dar prioridad a unos servicios y a otros no, y del desacuerdo en promover ciertas políticas para enfrentar la crisis,  reducir el déficit presupuestario y aumentar los niveles de empleo. La polarización política también se agudiza cuando partidos derechistas hacen lo posible para arrancar el poder político que han adquirido en los últimos años los partidos izquierdistas en la región. Mientras más se agudice esta polarización, la inestabilidad social aumentara, las pérdidas económicas ocasionadas por las paralizaciones y protestas nacionales crecerán, y, como ya es evidente en algunos países, el enfrentamiento con la fuerza pública e incluso entre conciudadanos se tensionara aun mas. Aquí nuevamente Ecuador, Venezuela y Bolivia sirven como ejemplos.  

           La escasa promoción de la integración regional es el tercer posible efecto político de la crisis económica. Desde el estallido de la crisis, la promoción de la integración regional y la consolidación de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) no ha sido una prioridad para muchos gobiernos de la región aunque ellos profesen lo contrario. La economía ecuatoriana, por ejemplo, se ha vuelto proteccionista para salvaguardar su industria y aumentar sus niveles de empleo. Perú y Colombia continúan buscando un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Venezuela dejo su membrecía en la Comunidad Andina de Naciones. Y Brasil ha venido activamente promocionando acuerdos bilaterales con China, Rusia, África del Sur e Irán. Estas acciones solo servirán para mitigar a corto plazo el efecto de la crisis económica. Al actuar de una manera independiente, los gobiernos regionales no han hecho más que desestimar la urgente necesidad de una integración regional. La integración hoy en día no solo es uno de los principales instrumentos para enfrentar la crisis económica, sino que también servirá, a través de la expansión del comercio regional, para reducir los niveles de pobreza. La integración ayudara a la conectividad de la infraestructura vial, marítima, y energética en la región. Esto creara fuentes de trabajo e ingresos fiscales a cada uno de los doce países en el área debido a un aumento del intercambio comercial a nivel regional y a nivel internacional. La integración regional, a través del Cónsul de Defensa Sudamericano, servirá para hacer frente a la amenaza de la estabilidad regional que hoy en día representa el problema de guerrilla y narcotráfico en Colombia y Perú. La integración comercial y política ayudara en la creación de una moneda única, la cual no hará más que facilitar el intercambio comercial, y por ende reducir el desempleo, la pobreza y el analfabetismo.  La integración regional es la puerta de salida de la crisis, es el camino hacia un mejor futuro y servirá para convertir a la región en una potencia mundial no solo económica, sino también política. Con la integración, sur América se convertirá en la cuarta macro-región económica del planeta.

           Pero mientras se avanza hacia tan anhelado deseo de integración, solo queda esperar que esta crisis económica no desencadene efectos políticos devastadores en la región. Dichos efectos contribuirán al aumento de la pobreza y sumirán a la región en una ola de inestabilidad social y política.

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